“Cuando el alma se reconoce”

No son alas para huir.
Son alas para recordar.

Recordar que incluso cuando el peso de la vida se posa en el cuerpo,
el alma no se encoge.
Se expande en colores, en capas, en historias que no se borran.

Estás de pie entre cielo y tierra,
con los pies firmes en la experiencia
y el corazón abierto al infinito.
Las montañas detrás de ti hablan de lo que has atravesado:
rutas ásperas, silencios largos, aprendizajes que dolieron…
y aun así, sigues aquí.

Las alas no te elevan porque no lo necesitas.
Ya has aprendido que la verdadera ascensión
no es irte de ti,
sino habitarte completa.

ALAVITAE susurra:
no naciste ligera, naciste real.
Y en tu verdad —con todo lo que eres—
te vuelves sagrada.

Hoy no vuelas.
Hoy encarnas.
Y eso, alma valiente,
es la forma más alta de libertad. 

No son alas para escapar,
son alas para abrirme.
Con los pies en la tierra
y el alma extendida,
me elijo completa.


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